SANTÍSIMO CRISTO DEL AMOR
Autor.- Juan de Mesa y Velasco.
Fecha de Ejecución.- Juan de Mesa talla la imagen del Señor del Amor en el año 1620
Momento de la Pasión.- Cristo muerto en la Cruz, con el costado abierto para certificar su muerte, aguardando el momento de ser descendido de la Cruz.
Cofradía.- Primitiva Archicofradía Pontificia y Real Hermandad de Nazarenos de la Sagrada Entrada en Jerusalén, Santísimo Cristo del Amor, Nuestra Señora del Socorro y Santiago Apóstol.
Fecha de fundación.- 1508
Templo de culto.- Iglesia Colegial del Divino Salvador.
Templo de salida procesional.- Iglesia Colegial del Divino Salvador.
Jornada de procesión.- Tarde noche del Domingo de Ramos.
Puesto en la Jornada.- La Cofradía del Amor realiza su estación de penitencia en el noveno puesto del Domingo de Ramos, siendo la Última Hermandad del día en realizar su Estación Penitencial a la Santa Iglesia Catedral.
El Hijo de Dios vino al mundo hace dos mil años para cambiar el rumbo de la Historia. A partir de Jesucristo, la humanidad superó la superstición y el mito. Dios ya no fue un ser terrible y vengativo; guerrero y promiscuo; ya no fue el innombrable. Jesús nos reveló que Dios es Amor y nos enseñó a llamarlo por su nombre: Padre.
La Hermandad y el Cristo del Amor llevan en mi vida, en mi corazón, desde que una lejana tarde en que la lluvia no dejó salir a las cofradías, me crucé en los soportales del Ayuntamiento, donde nos habíamos refugiado del chaparrón, con la niña más guapa que había visto jamás. Se llamaba Isabel y fue quien me llevó hasta el Cristo del Amor. Todavía puedo verla, era apenas una niña, orando ante su altar. Cada vez que salíamos a dar una vuelta y pasábamos por el Salvador, invariablemente entrábamos a verlo. Una de las veces que lo hicimos, al salir sonaba en el órgano la marcha nupcial.
Ha pasado ya mucho tiempo desde entonces, y aunque nos alumbraron tres soles, no fueron pocas las tempestades a las que hicimos frente en nuestra singladura, pero hasta en los momentos más duros, siempre sentimos que nuestro Cristo del Amor nos confortaba; nos sostenía; alimentaba de esperanza nuestro corazón con su sacrificio, como el pelícano alimenta a sus crías de su propia carne. Porque Él es un padre que ama a todos sus hijos por igual, porque también es infinita su capacidad de amar. Ese es nuestro Cristo del Amor; el de la advocación más bella y que mejor define a Dios. El que se entrega; el que ama y perdona; el que comprende y consuela; el de la Hermandad que abraza el Domingo de Ramos llevando la alegría del estreno en el flamear de las rubias palmas y entrega el Socorro de la Virgen María a los corazones encarcelados en la desesperación y la amargura. Su nombre lo explica todo. Amor. Dios es amor.
Hoy los dos sabemos -en realidad lo supimos hace ya mucho tiempo- que no fue casual aquel encuentro durante una tarde de lluvia en la que no pudieron salir las cofradías. Todas se quedaron en sus iglesias, menos una que salió para nosotros: la del Cristo del Amor; nuestro Cristo, Isa, del Amor.
Vega Leal, Juan Miguel: Pregón de la Semana Santa de Sevilla 2024

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