MARIA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA "MACARENA"
Autor.- En la actualidad se desconoce el autor de esta imagen de la Santísima Virgen María.
Fecha de ejecución.- Como ocurre con el autor, en la actualidad se desconoce la fecha exacta en la que fue realizada esta imagen de la Santísima Virgen María, datándose como una obra del siglo XVII.
Técnica.- Imagen de vestir que tiene tallado la cabeza, y las manos, utilizándose postizos como es la cabellera de pelo natural, que cubre la cabellera tallada sobre la cabeza de la Santísima Virgen, sin tallar el resto que es un armazón de madera cubierto por los vestidos con los que es presentada a la devoción de los fieles
Cofradía.- Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Santo Rosario, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena.
Fecha de fundación.- 1595
Templo de culto.- Basílica de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena.
Templo de salida procesional.- Basílica de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena.
Fecha de coronación canónica.- 1964
Jornada de procesión.- Madrugada del Viernes Santo.
Localidad.- Sevilla.
De repente, se oyó un clamor en el Duque. El compañero del micro inalámbrico, aquel año Paco Gallardo, hijo del gran Alberto Gallardo, nos aclaró qué pasaba:
‘Acaba de llegar el bacalao de la Macarena’.
Bastó el bacalao para que aquello se viniera abajo. Al poco, llegó el paso. Paco volvió a llamarme la atención sobre un detalle.
.-Fité qué arte los ciriales de la Macarena.
Cada uno de aquellos seis ciriales se inclinaba hacia un lado diferente; los acólitos que los portaban no podían mantenerlos enhiestos en medio de la enfervorizada masa humana entre la que intentaban abrirse paso. Había, sin embargo, una extraña belleza en aquellos ciriales, cada cual inclinado en un ángulo distinto y en direcciones opuestas; como si cada uno de ellos estuviera señalando algo que a todos se nos ocultaba pero que debíamos ver. Y se tenía la sensación de que esa accidentada asimetría tuviera una razón de ser profunda; que así fuera exactamente como tenía que ser. Aquellos ciriales mostraban la apoteosis de un momento sin igual. La Macarena entraba en la Campana.
-Fité loh cirialeh, quillo.
Al poco rato me vi delante de ella. Ahora era yo el que llevaba el micrófono inalámbrico. Venía el paso con una bulla enorme delante; nadie sabía, o sí, cómo toda esa gente se había colado en la Carrera Oficial. En medio estaba yo, cargando con el armatoste del micro, andando para atrás entre empujones y contando lo que veía y, sobre todo, sentía. Era incómodo para todos, pero les juro que no había nadie que no sonriera ni que no tuviera el vello de punta. Pepe el Pelao venía en la presidencia junto al hermano mayor, José Luís de Pablo Romero. El palio avanzaba a las órdenes de Luís León, con su tupé de ranchero de Texas, mientras las fachadas de la Campana rebotaban sucesivamente los acordes de
las marchas triunfales que acompañan los grandes momentos de la Virgen de San Gil. Cómo iba la Virgen, Sevilla, aunque… qué te voy a contar yo a tí que tú no sepas. Yo, ya digo, iba haciendo lo que podía; buscando las palabras que pudieran explicar aquella emoción inexplicable; describir aquel momento indescriptible. ¿Qué pude decir? No lo recuerdo.
Los clamores no cesaban; el paso había doblado ya la última esquina y enfilaba la calle Sierpes. Desde el balcón de Pilar Burgos emergió entonces el torrente de una saeta de Pepe er Peregí, que se impuso a toda la banda del Carmen de Salteras, a las voces del capataz y a los vivas de la gente. Era el delirio.
Con la gracia del más genuino andar de los palios de Sevilla, el paso de la Macarena entró al fin en la calle Sierpes. Al fondo, los relojes del Cronómetro daban seis veces la hora exacta de un milagro. Yo me quedé en la esquina. A mi lado, dos dependientas de la confitería de la Campana lloraban... como magdalenas. Apagué el micro y ya me disponía a regresar al balcón donde Canal Sur Radio tenía
sus equipos cuando, desde la tribuna alguien me llamó. Era una muchacha que también lloraba. De sus oídos pendían unos auriculares con los que supuse había estado escuchando la narración que yo acababa de hacer de algo que también ella había visto. Extendió su mano hacia mí, estrechó la mía y me dijo: Gracias. No dijo más. Ni hizo falta. En ese momento descubrí qué es eso que llaman la magia de la Radio. Y lo supe por obra y gracia de la que, sin que yo pudiera imaginarlo entonces todavía, iba a seguir aprendiendo muchas otras cosas a lo largo de mi vida: la Virgen de la Esperanza Macarena. La Madre de Dios.
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